lunes, 16 de enero de 2017

BIENVENIDO GARCÍA Y SANTIAGO MARTÍN, DOS GUARDAS FORESTALES DE LA "VIEJA ESCUELA"

Uno de los oficios más estrechamente vinculados a nuestros montes ha sido y sigue siendo el que ejerce desde 1877 el antaño denominado Cuerpo de Guardería Forestal del Estado, y hoy Cuerpo de Agentes Forestales o Medioambientales‒ en cada una de las comunidades autónomas. Desde entonces, hace ya ciento cuarenta años, los guardas forestales han venido desempeñando un papel fundamental en la conservación de nuestro patrimonio natural a través de todo un rosario de responsabilidades intermedias que servían de engranaje entre la función directiva y planificadora de los ingenieros de montes y el trabajo a pie de monte de los peones y capataces forestales. Además de sus tradicionales cometidos, como la vigilancia y la lucha contra los incendios, el control del furtivismo y la protección de las repoblaciones forestales frente al pastoreo, en las últimas décadas sus competencias se han ido incrementando en materias tan especializadas como son la investigación de incendios y de casos de envenenamiento de especies de fauna, el control de las ocupaciones ilegales y el uso público de los montes y las vías pecuarias, el control del tráfico y el comercio ilegal de especies catalogadas en el Convenio sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), y otras no menos importantes.
          Por la edad y la veteranía de los dos protagonistas de esta entrada vamos a emplear aquí la vieja denominación de «guardas», con toda la autenticidad y la tradición de este término tan habitual antaño en los campos y montes españoles y que allá por los años de la transición fue sustituido por el más eufemístico de «agentes» en aras de la corrección política. Son Bienvenido García y Santiago Martín, a quienes el autor conoce desde hace ya muchos años, cuando entretenía los largos veranos de su juventud trabajando en el pinar de los Belgas, al igual que tuvo el privilegio de conocer y tratar a otros destacados miembros ya fallecidos de la última generación de guardas de la «vieja escuela» que dejaron memoria en la vertiente madrileña de la sierra de Guadarrama, como fueron Isidoro Pascual Oriente, guarda del monte «Perímetro de Aguirre», en Miraflores de la Sierra, y el célebre guarda e insigne pescador de truchas Constantino Martín, más conocido como Constante, que ejerció el oficio durante toda su vida en los pinares de El Paular.

Bienvenido y Santiago junto al monumento al Guarda Forestal, en Rascafría (fotografía de Javier Sánchez)

El mirador de los Robledos y el monumento al Guarda Forestal, bajo el fondo del macizo de Peñalara